Técnicas y Guía para la captura del Siluro

Técnicas y Guía para la captura del Siluro

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  Siluros

Algunos datos sobre el pez

La especie introducida en nuestras aguas es de origen americano. La forma de este pez es tosca y, desde luego, el aspecto no es agradable, a causa de su gran cabeza y de las ocho barbillas que salen del hocico. Se trata de un pez perezoso, poco amante de nadar, pero muy resistente y capaz de adaptarse a vivir incluso en ambientes pobres en agua, poco oxigenados y relativamente contaminados.

En eso se asemeja a la anguila y, como ésta, gusta de los lugares oscuros y opone una extrema resistencia en el momento de la captura. El color de la librea de este silúrido es pardo oscuro en la parte dorsal y amarillenta en el vientre. Hay que tener cuidado al tocarlo, porque posee peligrosas espinas, situadas tanto en la aleta dorsal como en las pectorales. El siluro, insaciable carnívoro, se nutre de cualquier alimento.

Se halla generalmente en las aguas turbias y fangosas y se muestra más activo en las horas nocturnas o, durante el día, cuando el cielo está plomizo. Con la llegada del verano comienza la época de celo. Es curioso observar con qué cuidado preparan los peces gato el lugar donde poner las huevas.

Eligen lugares bien escondidos, e incluso después del nacimiento protegen a sus hijos de los ataques de los demás peces hasta que son capaces de alimentarse de forma autosuficiente. Sin embargo, es cierto que después del primer período los adultos no desdeñan alimentarse de sus propios hijos. Dada su voracidad, el siluro resulta una especie nociva para el desarrollo de los demás peces, que muy difícilmente viven en las mismas aguas.

En efecto, el siluro no tiene escrúpulos en abalanzarse tanto sobre las huevas como sobre los alevines, destruyendo cualquier forma de vida a su alrededor. Por tal motivo, las disposiciones vigentes de ley sobre la pesca prohíben su transporte y posesión cuando está vivo. Desde el punto de vista alimenticio su carne es muy apetitosa: los pequeños ejemplares se fríen, mientras que los más grandes se cocinan guisados, con guisantes y salsa de tomate.

Recursos para la captura

  • En aguas lentas y turbias.
  • Con cielo plomizo.

Aunque es un pez predominantemente nocturno, es posible pescarlo también de día cuando el cielo está plomizo. Con el agua alta y turbia, sale de su guarida, ansioso de hallar alimento. Raramente se encuentra en aguas bajas y límpidas, y también en estos casos permanece oculto bajo el denso follaje de la vegetación acuática y no se arriesga a salir en busca de alimento. Por tanto, el cebo resultaría inútil. Tampoco el viento beneficia a la pesca de este silúrido.

Es un pez perezoso y poco amante de nadar. Los ambientes donde se le puede hallar con mayor frecuencia son los ríos de gran caudal, sobre todo en los recodos. También es posible hallarlo en las zonas pantanosas, donde la corriente es sumamente lenta. Otros lugares frecuentados por estos peces son los canales artificiales y los estanques, mejor si tienen orillas ricas en vegetación.
La pesca del siluro es relativamente fácil y satisface induso al inexperto.

En efecto, el pez pica confiado el cebo que se le brinda, aunque antes de tragarlo parece divertirse agrediéndolo y dando vueltas a su alrededor. La recuperación deberá hacerse con energía porque estos peces, incluso los de pequeño tamaño, son capaces de oponer una resistencia extrema. Además, al cogerlo se deberá tener mucho cuidado con las espinas, dado que pincharse con ellas resulta sumamente doloroso.

Guía y técnicas para la captura del Siluro Pesca Deportiva

Montura con lastre corredizo para la pesca de fondo.

El equipo necesario

Caña. Para la pesca de estos peces se deberán utilizar aparejos de cierta robustez. En efecto, aunque son rígidos, en la fase de recuperación resultan los más eficaces. Pueden utilizarse tanto cañas fijas como cañas de lanzado. Para los grandes ríos y las zonas pantanosas suele emplearse una caña fija con flotador de seis metros de longitud aproximadamente. En los embalses y canales es suficiente con un aparejo de cuatro metros. Para las cañas de lanzado utilizadas en la pesca de fondo es suficiente una longitud de dos metros.

Sedal. Debe resultar adecuadamente robusto.

Anzuelo. Debe ser resistente. Suele elegirse de grueso espesor (n.° 2/5) y de tipo forjado.

Cebos. Los más adecuados son los gusanos, los trocitos de peces y las larvas.

Pesca de fondo

  • En aguas plácidas.
  • Uso del lastre corredizo.
  • Sedal en ligera tensión.
  • Importancia de la puntera.
  • Atención en la recuperación.

Se efectúa en grandes ríos, donde el flujo es sumamente lento. Mediante una rodaja, al sedal se une una montura con hilo ligeramente más delgado. Por encima de la rodaja se deberá situar un lastre corredizo. Para indicar que ha picado un pez se emplea una campanilla. Después del lanzado, el sedal debe quedar ligeramente tensado, pero sin molestar al pez que aspira al bocado. Como ya hemos indicado, el cebo no es tragado de inmediato.

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El sedal debe estar en ligera tensión, pero situado de forma que no
moleste al pez.

El pez lo prueba un instante para soltarlo inmediatamente después y, sólo en un momento posterior, se acerca a él y se lo traga. El pescador nota esta fase preliminar por las breves oscilaciones de la puntera. Cuando el cebo ha sido tragado por completo se oye sonar la campanilla. Es el momento de alzar la caña. Durante la fase de recuperación el pescador deberá poner mucho cuidado en no estirar violentamente y evitar que el cebo salga de las fauces del pez.

Pesca con flotador en aguas turbias

  • Fuerte resistencia del pez.
  • Lombriz como cebo.
  • Sacadora.

En los días cubiertos, sobre todo cuando las aguas están sucias por los detritus transportados por la corriente, la pesca tiene grandes ventajas. En esos casos es imprescindible el uso del flotador, que permite al pescador controlar las reacciones del pez. Se utiliza una caña fija y, como cebo, una gran lombriz. Luego el pescador se dispone a esperar. Los primeros avisos cel contacto cebopez se tienen cuando el flotador se mueve ligeramente.

El pescador no deberá perderlo de vista, puesto que desde ese momento éste se convertirá para él en una especie de tercer ojo. Como de costumbre, el animal no se traga de inmediato el cebo. Es más, puede suceder que el flotador cese de oscilar y permanezca perfectamente inmóvil. ¿Acaso ha huido el pez, sospechando el engaño? No es así. Es simplemente la clásica maniobra del siluro: primero prueba el cebo y luego lo abandona, para volver a él sólo en un segundo momento.

Cuando el flotador desaparece bajo el agua significa que el pez ha pasado al ataque final y se ha tragado el cebo. Es el momento de alzar la caña. Teniendo en cuenta la fuerza de que está dotado el siluro, la suya será una resistencia resuelta, acompañada incluso de fuertes golpes de cola. Con paciencia, el pescador lo atraerá hacia la orilla y tendrá preparada la sacadora.

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